jueves, 27 de octubre de 2016

Groenlandia: un viaje a la tierra de los inuits

Entre el océano Atlántico y el océano glacial Ártico se encuentra una extensa capa de hielo interminable llamada Kalaallit nunaat, más conocida como Groenlandia. Se trata de la isla más grande del mundo después de Australia. Con 2.000.000 kilómetros cuadrados, en su mayoría hielo, es uno de los territorios más inhóspitos y gélidos de la tierra en la que se atreven a vivir unas 57.000 personas, en su mayoría de origen inuit. 

Un trineo tirado por perros en una noche fría de invierno en Groelandia

Esquimal es despectivo, y se prefiere utilizar el término inuit, que significa, en la lengua inuktitut, personas o seres humanos
Antiguamente lo llamaban inuit nunaat, “el país de los inuit”, un pueblo que ha sobrevivido durante cientos de años en condiciones extremas: tienen cuatro meses de noche ártica (sin sol), con temperaturas de -50ºC, y graves consecuencias para la salud, pero han sabido adaptarse al mundo moderno, viven en equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo: casas prefabricadas, móvil, televisor, pero siguen conservando su esencia y tradiciones: la historia oral y los cuentos transmitidos a través de los siglos continúan siendo parte importante de su cultura, algo que sorprende en estos días. Y este equilibrio es lo que quieren mantener con la naturaleza, por lo que se imponen reglas para no alterar el entorno en el que habitan, se adaptan a él, pero no lo transforman; hombres, animales y plantas merecen el mismo respeto y forman parte de un todo, hablamos del “ hombre en estado puro”.

Tampoco piensan de forma individual: la cooperación, la familia y el intercambio son principios básicos de esta sociedad, y los que los conocen por primera vez, pueden apreciar que son un pueblo hospitalario, bondadoso, de gente honesta, que no sabe mentir, y con un gran sentido del humor que casi roza la violencia verbal. 
Pueblo inuit en Groelandia

Pero si algo los define, es que son, sobre todo, cazadores, de hecho se los considera “la sociedad cazadora más avanzada del mundo”, dicen que se alimentan de las almas de los animales, cuando los matan les dan de comer y de beber. Tienen tres normas básicas: está prohibido ir en moto de nieve para cazar, hay que ir en trineo de perros por respeto al entorno, comparten la caza (parte de la comida con los perros pues los que les ayudan en sus tareas), y nunca salen bebidos. Su animal fetiche es el oso polar, el rey del ártico, porqué tiene la mayor adaptación al medio, su piel es negra pero su pelo es transparente, el camuflaje perfecto, de ellos aprendieron a cazar focas.

Esta visión tan peculiar de la vida la conoce bien Francesc Bailón, profesor universitario, antropólogo especializado en la cultura inuit, y uno de los mayores expertos en esta materia a nivel europeo, además, es escritor y guía de viajes con X-Plore. El entusiasmo que transmite cuando hablas con él dan ganas de seguirle a cualquier parte del mundo, de hecho, como guía de tiene una original propuesta: disfrutar de un viaje antropológico y cultural para conocer la singularidades de los inuit. 

Francesc Bailón de pie a la izquierda, junto a los cazadores locales inuit


Desde su primer viaje, en 1999, ha realizado 23 expediciones, y tras mantener un duelo cantado con el último poeta del Ártico, ha conseguido crear un vínculo de gran amistad con su familia, hasta tal punto que los llevó de viajes a las Canarias, e hizo un documental que puede verse en YouTube: La sonrisa del sol.

Conoce a fondo sus ideas y costumbres como: la de llamar a un recién nacido con el nombre del último difunto su alma siga viviendo; la de tener una lengua neutra, los nombres pueden ser tanto masculinos como femeninos; conoce la vieja tradición de solucionar las disputas improvisando canciones o poemas (esta práctica está prohibida actualmente); además, no hay secretos entre ellos, las confesiones son públicas; creen que la naturaleza está nutrida de espíritus: la luna, el sol, los ríos, las montañas, todos son espíritus, y para contactar con ellos tienen al chaman que, sin ningún tipo de narcóticos, entran en trance solo con la voz y el tambor; y si te ofrecen la sangre y el hígado de un animal muerto es símbolo de amistad. Todo este conocimiento intenta transmitirlo en sus libros, conferencias y expediciones. 

Su primer recuerdo, a -20ºC y en manga corta, es la sensación de la nada, de estar en el “fin del mundo”, y esa es la sensación que pueden tener los que se aventuran a viajar a este destino tan espectacular: fiordos, glaciares, icebergs, naturaleza salvaje, sin carreteras, ni coches, ni tiendas, ni hoteles, una aventura para los más intrépidos. No hay restricciones de edad, solo se debe estar preparado para soportar un clima extremo, Francesc ha sufrido el infierno a -69ºC; y a adaptarse a algo totalmente distinto a lo que conocemos: silencio, solitud y sensación de vacío, y, aunque parece algo idílico, es algo a lo que no estamos acostumbrados y puede resultar duro, como mínimo chocante. Es una experiencia única que suelen buscar aquellas personas que, después de viajar mucho, huyen de la fórmula turística tradicional en busca de algo más personal.
Campamento del viaje a Groelandia de X-Plore con Francisco Bailón

Los viajes de Francesc con X-Plore son peculiares, organiza expediciones en la tierra de Tunu, que significa “el lado opuesto”, en la parte menos habitada del país. Su labor, además, es social, invierten en la población local. Son viajes para conocer de cerca, y en primera persona, la vida real de los inuit: convivir con ellos, ir de caza y de pesca, comer con ellos, de los animales lo aprovechan todo, incluso en forma de carne cruda o congelada, ayudar en todas las tareas, y aprender a sobrevivir en lugares inhóspitos. Se trata de una gran aventura en una tierra gélida, un viaje que va más allá de lo convencional y que deja huella para toda la vida.

Siempre buscando abrir nuevas rutas, su próxima aventura: la península de Kamchatka, en Siberia.

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